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Cuándo NO usar tus gafas de luz azul (y por qué importa saberlo)

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Las gafas con filtro de luz azul son una herramienta estupenda para proteger tu vista y mejorar tu sueño, pero como cualquier herramienta, su eficacia depende de usarla en el momento adecuado.

Llevarlas en el contexto equivocado no solo no aporta nada, sino que en algunos casos puede jugar en tu contra. Vamos a verlo con detalle.

1. Conducir de noche con lentes naranjas o rojas

Este es, probablemente, el caso más importante de todos. Es tentador pensar que, si las lentes oscuras bloquean el deslumbramiento de los faros, cuanto más oscura la lente, mejor verás de noche al volante. La realidad es justo la contraria, y además hay dos motivos distintos por los que esta combinación es mala idea.

Por un lado, está el tema de la visibilidad. Los tintes naranjas o rojos reducen la cantidad de luz azul que llega del tráfico en sentido contrario, pero también reducen la cantidad total de luz que entra en el ojo, lo cual puede ser inseguro y peligroso. Conducir de noche ya exige bastante esfuerzo visual de por sí; restarle luz a la ecuación es jugar con fuego.

Por otro lado, está el efecto que precisamente buscas conseguir por las noches en el sofá: el sueño.

Llevar gafas con tinte naranja o rojo mientras conduces de noche elimina casi toda la luz azul que estimula la producción de melatonina, y sentir sueño al volante es lo último que queremos.

Es decir, la misma propiedad que hace que estas lentes sean tan útiles antes de dormir es justo lo que no quieres tener activo mientras conduces con el cansancio del día acumulado.

2. Durante el día, en exteriores, como sustituto de las gafas de sol

Las lentes naranjas o rojas para el sueño no están diseñadas para proteger del sol ni de la radiación UV.

Si vas a estar expuesto a luz solar intensa, lo correcto son gafas de sol con protección UV certificada, no tus gafas de filtro azul nocturnas. Usarlas para esto no solo no protege adecuadamente tus ojos del sol, sino que además puede generar una sensación de seguridad que no es real.

3. Para tareas donde la percepción exacta del color es importante

Si tu trabajo depende de ver los colores con precisión (diseño gráfico, edición de fotografía o vídeo, retoque de imagen, ciertos trabajos de impresión o pintura) las lentes amarillas, naranjas o rojas no son tu aliado.

Para quienes su trabajo depende de una percepción de color precisa, las lentes transparentes son la única opción viable, ya que no distorsionan el espectro de color.

Si necesitas protección en estos casos, la transparente es la única que no te jugará una mala pasada con los tonos.

4. Durante todo el día, sin distinción de horarios

Las lentes más oscuras, pensadas para la noche, tampoco deberían llevarse de forma continua durante el día. No se recomienda llevar lentes amarillas (y, por extensión, tintes más oscuros) todo el día, ya que la luz azul diurna es beneficiosa para el estado de alerta y el ánimo, y bloquearla de forma constante podría interferir con tus niveles naturales de energía.

Si usas la gafa equivocada en el momento equivocado, puedes estar saboteando justo el efecto que buscabas conseguir.

La idea de fondo

Las gafas que bloquean la luz azul funcionan, y funcionan bien, cuando se usan con criterio: una lente más ligera durante el día, una más oscura por la noche, y siempre fuera de la ecuación cuando hay que conducir con poca luz o realizar tareas donde el color importa.

El secreto no está en llevarlas siempre ni en elegir la más oscura pensando que «más es mejor», sino en saber exactamente cuándo y para qué te las estás poniendo.

Esa es la diferencia entre sacarles todo el partido y convertirlas en un problema más.

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